
La película de Stein [Espelled] es en parte una parodia y en parte una refutación de ateos militantes como Dawkins, Sam Harris y Christopher Hitchens, los cuales han ganado cierta prominencia en años recientes. Y la película emplea las mismas tácticas sucias que ellos han perfeccionado . . .
Por 90 minutos, Expelled coloca a sus blancos en la misma posición incómoda e injusta en que los creyentes se han visto en la academia y en los medios. Al invertir de tal manera los roles, la película revela, astuta y asombrosamente, que no se necesita creer en Dios para ser un Zelote.
Stein presenta varios científicos que han sufrido profesionalmente por sugerir tan sólo que quizás se requiera de algo más que azar [para explicar] la creación. Estos eruditos se ven a sí mismos ridiculizados y castigados por sus colegas por haber manifestado esta herejía, y no por la calidad de su trabajo sino por las implicaciones que tiene.
Estos no son “creacionistas” o literalistas bíblicos, por cierto. Sólo son eruditos que citan muchas investigaciones para sugerir que una explicación puramente azarosa de toda la creación es, en el mejor de los casos, no plausible. Aceptan la evidencia científica de la evolución – especialmente en su papel en el desarrollo de las especies – pero rechazan la pretensión ideológica de que la selección natural descarta la posibilidad de Dios.
Por esta desviación, son castigados por el estridente establishment ateo que teme el cuestionamiento de esta sobreabarcante aplicación de la evolución, incluso más que lo que cualquier teista medieval temió la noción del heliocentrismo. De esta manera la academia ha cerrado la puerta del debate abierto y de la libertad de investigación de los cuales ella misma se jacta y que son cruciales para la búsqueda del conocimiento.
Los ateos militantes hacen esto, insisten, en nombre de la ciencia. Pero cuando Stein los emplaza sobre el origen de la vida, sus respuestas pronto se tornan claramente no científicas.
Uno de ellos propone, sin evidencia, que la vida surgió “en la superficie de los cristales”. Otro dice que los seres terrestres pudieron haber sido “inseminados” por una raza alienígena de otro planeta – una explicación en la que el mismo Dawkins, el señor Racional mismo, coloca cierta credibilidad (todo sea para evadir cualquier sugerencia de tu sabes quién).
A lo cual Stein reacciona irónicamente y pregunta: “¿Es esto ciencia o ciencia ficción?”
En este punto los ateos militantes ya no necesitan a Stein. Han entrado en el terreno de la auto parodia.
Fuente: Chris Weinkopf, Daily News, 19 de abril de 2008, Stein turns the tables on Darwinists.
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